Guest reflection for Sunday — Gerardo Oberman, Argentina

Gerardo Oberman reflects on this morning’s lectionary text and Katie Fiegenbaum has given the translation.

Cast out hypocrisy
(in light of John 2)

The gathering places of God’s people,
should be places of celebration,
of hugs, of shared life,
of solidarity, of life projects,
of dance and of hope.
Jesus walks through that festive space,
after having transformed
the sadness of a wedding without wine
into a renewed time of joy.

But he finds the shops armed,
profit motive established,
exploitation of the weak unpunished,
disrespectful greed,
naked ambition,
gods marketed in a ravenous feast.

Where community space
of celebration should be,
there is nothing but a temple to money
and the savage cult of wealth.

Thus the ropes, thus the whips,
thus the fury of a Jesus
who does not hide his passions
nor his convictions
when the values that underpin
the fabric of a society
are publicly offensive
and when the spaces
in which should flourish
tender gazes,
genuine exchanges of affection,
hands that give and give,
arms that hold and support,
words that caress and inspire,
actions that spread and build,
are instead dominated by the arrogance
of the deniers of life.

Jesus destroys a style of relating to each other,
of constructing citizenship,
of understanding life
and shaping mutual encounters.
He destroys the hypocrisy of the entitled
of those who usurp the space
stealing it away from what it should be.
The Teacher knew everyone,
just the way he knows us.
“Do not make a market in the house of my Father”…

How many of our meeting spaces
should be purified
by curing ropes and prophetic words!
How many attitudes evicted from spaces
that should reunite us
strengthen our bonds,
celebrate the miracle of life,
renew commitments and dreams
and give us a place
to work together – women and men
and all expressions of gender
for that other possible world
that we are responsible to make.

Echar fuera la hipocresía
(a la luz de Juan 2)

Los espacios de encuentro del pueblo de Dios,
deben ser espacios de fiesta,
de abrazos, de vida compartida,
de solidaridad, de proyectos de vida,
de danza y de esperanza.
Jesús caminaba hacia ese espacio festivo,
luego de haber transformado
la tristeza de una boda sin vino
en un renovado tiempo de alegría.

Pero encuentra el negocio armado,
el afán de lucro instalado,
impune la explotación del débil,
irreverente la codicia,
desnuda la ambición,
el dios mercado en su orgía devoradora.
Allí, donde debía estar el espacio
de la comunidad celebrante,
no había más que un templo al dinero
y un culto salvaje a Mammón.

Por eso las cuerdas,
por eso el látigo,
por eso la furia de un Jesús
que no esconde sus pasiones
ni sus convicciones
cuando los valores que sostienen
el entramado de una sociedad
son públicamente agraviados
y cuando los espacios
en que deben florecer
las miradas tiernas,
los genuinos intercambios de afectos,
las manos que dan y se dan,
los brazos que sostienen y contienen,
las palabras que acarician y animan,
las acciones que siembran y construyen,
son avasallados por la prepotencia
de las fuerzas del mal vivir.

Jesús destruye un modo de relacionarse,
una manera de construir ciudadanía,
un modo de entender la vida
y de vivir el encuentro como pueblo.
Destruye la hipocresía de quienes “creen ser”,
de quienes usurpan el espacio
alejándolo de aquello que debe ser.
El Maestro los conocía a todos,
tal como nos conoce a nosotros.
“No hagan un mercado de la casa de mi Padre”…

¡Cuántos de nuestros espacios de encuentro
deberían ser purificados
por aquellas cuerdas sanadoras
y por aquellas palabras proféticas!
¡Cuántas actitudes, cuántas, deberías
echarse fuera de los espacios
que debieran reunirnos
para afianzar vínculos,
para celebrar el milagro de la vida,
para renovar compromisos y sueños
y para trabajar, juntos y juntas,
por el otro mundo posible
que aún nos debemos.

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One Response to Guest reflection for Sunday — Gerardo Oberman, Argentina

  1. dabar96 says:

    From “gods marketed in a ravenous feast”, deliver us, O Lord!

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